Llegué desde el aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez, donde pagué un taxi hasta una parada de autobuses. El autobús, que me costó sólo $50.00 (2 dólares) hizo una hora ascendiendo continuamente por los altos de Chiapas. Montañas que cambiaron el paisaje de selva a bosque, cubriendo los árboles con niebla y cambiando el calor por frío.
Llegar a esta ciudad cuando cae el sol, es realmente mágico.
Luego de descansar un rato, salí a buscar comida que encontré en un portal del Mercado de Dulces. Allí cené tostadas deliciosas oyendo hablar una lengua rara y alegre a mi alrededor, que no entendí nada.
Para cerrar con broche de oro, una tasa de chocolate de la región. Esta vez no me atreví con el chocolate maya, que es puro, pero hoy lo haré.
Arco del Carmen.
Chocolate amargo


Como siempre te comunicas como una gran observadora de la belleza arquitectonica y cultural
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