COSTUMBRES · CULTURA · ESPAÑA · SEVILLA

El día que descubrí que los hot cakes también son andaluces


Viajar tiene muchas recompensas: conocer lugares nuevos, probar sabores diferentes y descubrir costumbres que nos sorprenden. Pero también tiene una virtud menos mencionada: nos regala anécdotas que, con el paso de los años, se vuelven mucho más valiosas que cualquier fotografía.

Mi primera visita a España comenzó con un largo vuelo a Madrid y, después, una conexión hacia Sevilla. Llegué emocionada, lista para absorber cada detalle de la cultura española. Al día siguiente desperté con hambre y con ganas de vivir una experiencia auténticamente local.

En el hotel me informaron que no tenían restaurante, pero muy amablemente me recomendaron uno a media cuadra. Perfecto. Salí caminando y entré sin investigar demasiado qué tipo de lugar era. Después de todo, pensé, para conocer un país hay que dejarse sorprender.

Una joven muy amable se acercó a atenderme. Tenía un marcado acento andaluz, encantador pero bastante distinto al español que yo estaba acostumbrada a escuchar. Me entregó la carta y me recomendó el plato del día.

—Son tortitas con sirope —me explicó.

Yo, decidida a integrarme desde el primer momento, pensé: “Ya estoy en España; hay que conocer las costumbres locales”. Así que acepté sin hacer más preguntas.

Mientras esperaba, imaginaba algún antiguo desayuno sevillano transmitido de generación en generación, quizá una especialidad regional desconocida para los visitantes extranjeros.

Minutos después llegó mi pedido.

Frente a mí había una generosa porción de… ¡hot cakes con miel de maple!

Tuve que hacer un enorme esfuerzo para contener la risa. Mi exótico desayuno típico español resultó ser algo que podría haber pedido perfectamente al otro lado del Atlántico. Lo único verdaderamente nuevo era el nombre: las tortitas y el sirope.

Ese día aprendí dos cosas. La primera, que aunque compartamos idioma, las palabras pueden llevarnos a divertidos malentendidos. Y la segunda, que viajar no consiste solamente en descubrir lo diferente, sino también en encontrar lo familiar donde menos lo esperamos.

Desde entonces, cada vez que escucho la palabra «sirope», recuerdo aquella mañana sevillana en la que crucé medio mundo para desayunar unos hot cakes… con acento andaluz.

!Me tardé en contarles ésta anécdota!

Nota: imagen tomada de Larousse Cocina.

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