
Caminando, caminando, Iván me llevó a comer a un lugar típico de Mallorca llamado Celler, que son cocinas que se distinguen por los sabores de la cocina de siempre o, como dicen aquí, de toda la vida. Aún quedan varios Cellers en Mallorca.

La comida es importante porque nos da energía y salud ¿Pero qué tal el placer? Tuve un tío que afirmaba que él no comía para vivir, sino que él vivía para comer.

Empezamos con el menú del día a elegir: sopa de Navidad y sopa de ajo. La de Navidad era un caldo con pedacitos pequeños de carne y con un ligero sabor a haba y la de ajo incluía pan, lo que la hacía densa, ambas deliciosas.

Seguimos con los segundos, como se usa aquí, y elegimos butifarra, un tipo de salchicha, y escalope de cerdo, muy bien preparados.

Acompañamos con un tinto, castellano, vino joven, color rojo vivo, afrutado al paladar

Y seguimos atacando los postres: manzana al horno y flan sin nata, acompañados de café ¡No hizo falta nada! Te hubiera gustado estar allí.



