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Bodegas González Byass en Jerez de la Frontera: parte II


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En la nota anterior les contaba que iniciamos el recorrido de estas bodegas en la Real Bodega La Concha, una hermosa bodega circular cuyo techo parece una concha y que fue diseñada por Eiffel, el mismo que diseñó la torre símbolo de Paris.
Allí la chica que guiaba nuestra visita nos invitó a cruzar una callecita empedrada para continuar nuestro recorrido, donde primero nos mostró un mapa de la costa andaluza en el océano Atlántico que muestra toda el área que se siembra de viñas para esta marca. A la entrada estaba también maquinaria antigua, como la que se usaba para pisar la vid.
Entramos así a una bodega muy grande, oscura y fría, con largas hileras de botas que se perdían en la oscuridad, perfectamente ordenadas en cuatro niveles, donde reposan cuatro cosechas de uvas Palomino Fino, con un sistema de crianza biológica “bajo Velo de Flor” denominado “de criaderas y soleras”, que garantiza uniformidad botella a botella, sin importar su año. Este vino, muy seco y pálido, muy perfumado a la nariz, de sabor suave y elegante, sale al mercado como vino Tío Pepe, en honor a un tío del fundador de la bodega, quién le estuvo apoyando con consejos; Tío Pepe es un fino de la denominación de origen Jerez-Xérèz-Sherry, cuya botella que se ve en todos los paisajes españoles, está vestida con chaquetilla, sombrero andaluz y guitarra y con el eslogan “SOL DE ANDALUCÍA EMBOTELLADO”.
Allí nos mostraron un video que narra la historia de esta bodega y la forma de crianza de este vino en particular.
De nuevo cruzamos otra callecita empedrada, con macetas llenas de geranios en flor y entramos a otra bodega que se renta para eventos, decorada con enormes botellas de Tío Pepe con vestido diferente y el techo, cual cielo estrellado, lleno de botellas colgando. Y mientras caminábamos hacia otra bodega, la chica nos cuenta la historia de un enorme barril al que le cabe el contenido de 33 botas (16,500 litros), resultado de una “pisa” hecha en honor de una reina, en 1862 y lo nombraron “Cristo” dada la relación del número de botas con la edad de Jesucristo al morir. A los lados se ubicaron doce toneles más, nombrándoles como a los doce apóstoles y ordenándoles como en el cuadro “La última cena” de Leonardo Da Vinci, excepto el de Judas que fue sustituido por Matías. Esta es la bodega “Los doce apóstoles”.
Luego visitamos la más antigua de las bodegas, donde nació esta historia, donde hay una serie de botas firmadas por todas las celebridades (artistas, deportistas, miembros de la realeza), que han visitado este maravilloso lugar, donde hay una pequeña bodega con botellas que no se han tocado en más de 150 años.
Para terminar nuestro recorrido por las bodegas nos tenían reservada una divertida sorpresa, ya que miramos sorprendidos dos copas de vino en el suelo, a la mitad del pasillo, con una pequeña escalerita de madera recargada en ellas. La chica nos cuenta que un empleado de la bodega un día observó a unos ratoncitos borrachos y los siguió, descubriendo que les gusta el vino tanto como a nosotros y desde entonces está a sus órdenes esa copa. Nosotros no corrimos con suerte de verlos.
Al final y antes de llegar a la tienda de productos González Byass, nos sentamos muy cómodos, cansados y felices a hacer una degustación de vinos ¡qué envidia me tienen! ¿Verdad?
Les conseguí un video en YouTube, para que vean de qué les cuento:

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